Editorial

En una escena de la película Smoke, dirigida por W. Wang y guión de Paul Auster, un escritor en horas bajas le cuenta una extraña historia a un joven.

De acuerdo. Escucha atentamente -Le dice el escritor a su oyente - Hace unos veinte años un hombre joven fue solo a esquiar a los Alpes. Hubo una avalancha, la nieve se lo tragó y el cuerpo nunca fue encontrado.

El joven lo mira, y dando la anécdota por acabada zanja dice - Fin -

No, no es el fin. Es el principio. – responde el escritor, y reprende entonces la historia – Su hijo era un niño pequeño por entonces, pero pasaron los años y, cuando creció, también él se hizo esquiador. Un día del invierno pasado salió solo para hacer un descenso. Cuando está a mitad de camino se para a comer su almuerzo al lado de una gran roca, mira hacia abajo y ve un cuerpo congelado dentro del hielo, allí mismo, a sus pies. Se agacha para mirarlo más de cerca y de pronto tiene la sensación de que está mirando un espejo, de que se está viendo a sí mismo. Allí está él, muerto, y el cuerpo está absolutamente intacto, sellado en un bloque de hielo, como alguien conservado en animación suspendida. Se pone a cuatro patas para mirar directamente la cara del muerto y se da cuenta de que está viendo a su padre. Y lo extraño es que el padre es más joven que el hijo ahora. El niño se ha convertido en un hombre y resulta que es más viejo que su padre.

El escritor se queda en silencio, mira al joven, deja pasar un momento y pregunta – Y bien, ¿Qué vas a hacer hoy? –

Así, entre olor a café y la luz de la mañana, el presente sepulta la historia del padre y el hijo como el padre quedó sepultado por la nieve y no vuelve a mencionarse la anécdota en el resto de la película.

La escena nos ha mostrado una puerta, una de esas extrañas puertas que por un momento se abren y conectan como un relámpago el pasado con el presente. Todos hemos vivido alguna, desde un olor, una fotografía, o un sonido que nos transporta.

La imagen que nos ha propuesto el joven estudio Ex figura para este número de engawa es una de esas puertas que conectan dos mundos, o dos tiempos.

Gracias a todos por los que habéis atrevido a pasar por el resquicio de la puerta.

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