EL ESPACIO EN EL CRISTAL

Alberto López del Río, Valladolid

(…) desde tiempos primitivos y hasta hace bien poco, el vidrio poseía un efecto mágico. El hombre se preguntaba incrédulo: ¿cómo es posible producir un material que sea a la vez invisible, o apenas visible, y que, no obstante, exista físicamente? ¿Cómo es posible que una superficie o un volumen sean transparentes y sólidos sin que se derritan como el hielo? ¿Por qué se refleja el propio rostro en una superficie de cristal?”

Jacques Herzog (1)


El vidrio, el cristal, ha sido y es un material importante para la Modernidad. Esta importancia radica fundamentalmente en dos cualidades que le son propias y que pueden entenderse, a priori, como contrapuestas: la transparencia y el reflejo [2]. Como es sabido, por la transparencia literal que el vidrio permite, parece disolverse el límite del espacio. Por el reflejo se impide el paso de la mirada y puede tratarse casi como un material macizo y con el que crear volumetrías. Ambas, aplicadas sobre todo a la arquitectura, se basan en un uso más conceptual que real, ya que ni la transparencia ni el reflejo deben entenderse como cualidades absolutas, sino como estados transitorios [3].

Y es precisamente el estado producto de la superposición de la transparencia y el reflejo el que nos va a interesar. Un estado, por otra parte, que es a la vez más real que cada uno de ellos por separado, en tanto en cuanto es producto de unas condiciones lumínicas específicas y de la situación de unos determinados objetos y espacios a uno y otro lado del cristal. Pero también más conceptual, porque supone el descubrimiento de una suerte de espacio metafísico que queda dentro del cristal, un espacio inexistente en el plano físico, pero que, al “materializarse”, es capaz de crear nuevas y extrañas realidades que componen imágenes inventadas, imágenes de una realidad alterada fruto del encuentro de realidades concretas. Se trata de un espacio inaccesible, inhabitable, pero que a la vez es capaz de atrapar las presencias que en él se recogen, a través de los reflejos y transparencias superpuestos.

Que en el cristal hay un espacio sin sustancia, y que en este espacio quedan atrapados reflejo y transparencia, como si de una fotografía se tratara, quizá nos lo había descubierto ya Magritte en un puñado de cristales rotos.




Referencias


(1) HERZOG, Jacques, y DE MEURON, Pierre. Engañosas transparencias: Observaciones y reflexiones suscitadas por una visita a la casa Farnsworth: Bruno Taut, Iván Leonídov, Marcel Duchamp, Mies va der Rohe, Dan Graham, Gerhard Richter. Barcelona: Gustavo Gili, 2016, p.11.
(2) MARCHÁN FIZ, Simón. La metáfora del cristal en las artes y en la arquitectura. Madrid: Siruela, 2008.
(3) Nos estamos refiriendo, en todo caso, a un cristal al que no se le ha dado un tratamiento específico, como un efecto de espejo.


Imágenes:


(1). Vivian Maier. Autorretrato, 1954
(2). René Magritte. La llave de los campos (La Clef des champs), 1936

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