OJOS BIEN CERRADOS

Diego Pérez García, Concepción

A ojos abiertos, difícilmente vemos el vidrio. Una paradoja. En realidad, si acaso cabe la expresión, percibimos este material generalmente por lo que hay o se aparece en su superficie. Las imágenes sobre el vidrio se confunden, se traslapan y se convierten en la representación de este. Nuestra mente se ilusiona, divaga y las ideas se acumulan.
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Con los ojos bien cerrados, la ilusión se acaba y nos damos de lleno contra el vidrio y la realidad. Si la suerte acompaña, no se nos rompen en la cara.

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