Medir

Pablo Twose, Barcelona

Tanto en casa como en el despacho hemos destinado un cajón para guardar las cintas métricas pero aún y así suelen aparecer en los lugares más insólitos de la casa, cuando por descuido acaban en un lugar a pocos metros del suelo lo más probable es que poco después aparezcan dos niños queriéndote medir la espalda, la pierna o cualquier cosa que tengan delante. Su acción es la de medir, pero la medida les es indiferente.

Como nuestros hijos, una amiga arquitecta, tuvo una clienta que la perseguía con un metro para medir las paredes de su nueva casa. Su clienta creía en la numerología y las medidas de sus paredes debían guardar relación con algún antiguo secreto numerológico. Los albañiles tuvieron que recrecer o derribar paredes hasta llegar a esos números en concreto. Poco servía decirle que su casa en pulgadas daría para otras cábalas.

En ambas historias hay gente con un metro en la mano, pero en ninguna de ellas se mide realmente.

Medir es importante en nuestra profesión, o dicho con más énfasis - medir es lo más importante - como sentencia un arquitecto que ha estado 25 años midiendo el mundo con el metro en el bolsillo.

“Allá a donde he ido a ver la obra de Aalto, de Loos, de Mies, del Corbu, la he medido; si en un pequeño pueblo de Castilla una escalera me ha parecido muy pina, la he medido; siempre así, muchos años. Medir me ha ayudado a conocer las cosas físicas en profundidad y su relación con lo humano.”

Son palabras de Javier García Solera un arquitecto que ha hecho del rigor de la métrica su forma de trabajar.

Una vez alguien le coge el gusto a medir es difícil pararlo, ya que pasa a ser como la prolongación de la vista o del tacto, un sentido más. El ejemplo paradigmático es el de Ernst Neufert, arquitecto alemán que se propuso medir todo lo que a un arquitecto le pudiera ser de utilidad en un solo libro, una tarea que se intuye inmensa y que le costó más de 10 años abordar y que abarcaba desde la medición de animales a la de zepelines. (1)

Hay otro arquitecto que empezó por medir un croissant (2) y acabó midiendo los pasos que daba su hija en torno una silla (3). Lo que significa pasar de medir el espacio a comenzar a medir el tiempo.

Desde esta perspectiva uno puede intentar medirlo todo, desde el desorden de una sobremesa (4), hasta el vuelo de una mosca sobre un cristal (6). O los objetos dejados por los vecinos en el rellano de la escalera…(5).













Hay en todos estos ejemplos la aspiración de medir algo más allá del espacio, existe la pretensión de atrapar el tiempo entre tantas medidas.

Sin metro pero con la misma persistencia en medir/anotar Georges Perec anotó lo que pasa cuando no pasa nada, salvo el tiempo, la gente, los coches, las nubes. Lo escribió en su tentativa de agotar un lugar parisino.

Esta frase escogida al azar da fe de la intención del texto:

“Tres taxis en la parada de taxis. Un 96. Un 63. Un ciclista telegrafista. Dos repartidores de bebidas. Un 86. Una nenita con una mochila sobre los hombros.”

Creo que debe existir entre el espacio y el tiempo una relación parecida a la del principio de incertidumbre de Heisenberg. Este físico alemán demostró que es imposible conocer al mismo tiempo la velocidad y la posición de una partícula elemental. Si se conoce la velocidad se desconoce la posición y viceversa, la acción del observador siempre altera el sistema observado.

Ocurre, como en este famoso principio, que cuanto más intenso sea el esfuerzo por fijar un tiempo más emborronaremos el espacio mediante páginas y páginas de medidas, hasta el punto que un tiempo en concreto requerirá de un espacio que tienda al infinito, ya sea mediante medidas o palabras.

El tiempo vendría a ser como ese sueño que al acabar de despertarnos sentimos vivamente pero que si queremos anotarlo en la libreta se desvanece.

El arquitecto Luis Mansilla sintetizó esta imposibilidad en una bella frase:

“sospecho que el espacio, en realidad, no forma parte de nuestras preocupaciones vitales, sólo el tiempo, que se derrama entre los dedos cuando intentamos atraparlo”

Permitirme un consejo para aquellos que quieran comenzar a medir el tiempo. No os dispongáis frente a él, dispuestos a cazarlo, si no mejor colocaros de lado, dejándolo pasar.

En vez de medir el tiempo a través del espacio, tarea interesante pero inabarcable, deberíamos trabajar directamente sobre el espacio, sin intervenir en el tiempo, trabajando estrictamente desde la métrica.

Llegados a este punto creo que es necesario volver al pensamiento del arquitecto alicantino Javier García Solera con el que abríamos el texto y cerrarlo de nuevo con sus palabras.

“una buena orientación que para mí guía a un buen proyecto es hacerlo de modo que el proyecto pudiera hacer una buena ruina. Si lo dejaran en paz, si no lo bombardean, o lo destruyeran, si sólo lo abandonaran, y dejaran que el tiempo pasara por él”

En las ruinas sólo queda la estructura. La pauta, el orden, la claridad de la construcción. En definitiva su métrica más estricta, y sin embargo las ruinas están colmatadas por el tiempo.

Así. Sólo desde la métrica más estricta seremos capaces de capturar el tiempo. O mejor dicho que el tiempo se apropie de nuestras medidas.





The halen state. Atelier 5 Ejemplo expuesto por Javier García Solera de arquitectura que se aproxima a una buena ruina.



Imágenes:


Imagen 1.- Imágenes al azar del libro de ERNST NEUFERT, El arte de proyectar en arquitectura, Ed. Gustavo Gili.
Imagen 2.- Cómo acotar un Croissant . El equilibrio horizontal de Enric Miralles con Eva Prats.
Imagen 3.- Kolonihaven (casita de madera) Copenhague, Dinamarca 1996. Enric Miralles y Benedetta Tagliabue
Imagen 4.- La Mesa de Sara Wigoulsworth y Jeremy Till.
Imagen 5.- Imagen extraída de la tesis doctoral de Núria Salvadó “Aproximacions a l’espai de transició en l’habitatge col•lectiu (1990-2006)”
Link: http://www.tdx.cat/handle/10803/119615
Imagen 6.- W. Marchetti, “los movimientos de una mosca sobre el cristal de una ventana desde las 8 de la mañana hasta las 7 de la tarde de un día de Mayo de 1967”
Imágenes 7 y 8.- The Halen State, ATELIER 5, Berna (suiza), 1960.

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